Blanca Muñoz de Baena
Blanca Muñoz de Baena

Sagrado Corazón de Jesús y Sagrado Corazón de María

Iglesia de la Santisima Trinidad

Pinilla de Buitrago

"La vida y la obra son realidades inseparables en la medida en que el Arte es expresión del Hombre".

 

Estando en plena elaboración del tríptico de La Ascensión para el altar de la Iglesia de la Santísima Trinidad en Pinilla de Buitrago, y en ese "proceso" y "diálogo" con la obra, ya merodeaba en mi mente, invadiendo también mi corazón, un nuevo y hermoso reto.

 

Quizá fuese aquel entorno, es decir, la propia Iglesia de Pinilla, convertida durante esa etapa creativa en "mi taller", la que propició esa idea y motivación. Era "un taller muy especial", lleno de armonía y paz, donde además recibía una energía inmensa que viene desde lo más alto... y que inunda todo el valle.

 

Realmente nunca me sentí sola haciendo mi labor, sino todo lo contrario, siempre tuve esa sensación de estar acompañada y la seguridad de que "esa energía" me trasmitía fuerza e inspiración para avanzar en el trabajo y en la realización de la obra a pesar de  las dificultades de todo tipo que fueron surgiendo. En ocasiones llegaba a Pinilla algo cansada tras las intensas jornadas de las clases que imparto en Madrid y a las cuales me tenía que incorporar de nuevo a los dos o tres días.

 

Como decía, fue surgiendo así, poco a poco, ese nuevo reto: custodiar el altar mayor de la iglesia con dos cuadros: el Sagrado Corazón de Jesús y el Sagrado Corazón de María.

 

Así pues y basándome o versionando las dos láminas que ya había en la Iglesia, un poco amarillentas por el tiempo (reproducciones de un pintor alemán), comencé a pintarlos en el pasado mes de agosto pero ya en mi taller de Madrid.

Mi propósito era poder expresar con extraordinaria delicadeza y respesto, el gesto del rostro y también de la manos, tanto en el Sagrado Corazón de Jesús como en el Sagrado Corazón de María. Con el empeño siempre de esa "incansable búsqueda" que perciben los sentidos: la sensibilidad y la emoción, para ese fin tan hermoso y bello que es el reflejo del alma.

"La vida y la obra son sensibilidades inseparables en la medida en que el 'Arte' es expresión del hombre".

Por todo ello la obra realizada tiene que ser fiel reflejo de uno mismo, siendo en éste caso testimonio de un "sentimento espiritual y de vida".

La materia plástica, es decir la combinación del "color", la fuerza del un "trazo" y también de un rasgo delicado y sutil, "la forma", las infinitas calidades y matices de pinceladas y empastes... todo ello hace que los efectos plásticos se acentúen y refuercen sin duda poniendo entusiasmo y corazón en la realización y proceso de la obra, mostrando carácter con lo que uno lleva dentro.

Este "encuentro" de "sentimiento-emoción"  y "expresión plástica" permite, ciertamente, a cualquier artista sentir la máxima satisfacción tan fundamental para abordar cualquier faceta creativa y mas aún si sumamos también la inquietud y el deseo de que la obra resultante tenga esas "cualidades tan nobles, venerables y hermosas" que caracterizan al Sagrado Corazón de Jesús y al Sagrado Corazón de María.

Por consiguiente es "esencial" para un pintor o creador, la riqueza de experiencias como "Ser humano" siendo así el mejor y mas bello camino para plasmar con todos los sentidos la "plenitud de vida" en un lienzo, reflejando la identidad original y personal, el prisma de la época, el sentido de mirar al mundo que nos rodea y la "voluntad" que uno tiene de ofrecer belleza, magia y lirismo y con el convencimiento profundo de conquistar esa lucha por expresar toda esa sensiblidad y todos esos sentimientos que nos  llegan al Corazón.

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© Blanca Lopez Muñoz De Baena

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